viernes, 18 de julio de 2014

La Guerra de los Dioses

L
os dos Soles llenaban de vida todo el bosque, los haces de luz conseguían colarse por los pocos resquicios que las grandes ramas de los kimas dejaban, unos pájaros jugueteaban distraídos en los macabros charcos rojos que se habían creado en el suelo, una pareja de ciervos pastaban en las frescas hierbas cubiertas del rocío que regala la mañana y un búho, acechante, observaba a una familia de ratones que cruzaban velozmente el sendero del bosque. Todo parecía extrañamente normal, habían muerto cientos de humanos, pero la naturaleza seguía su curso sin más reparo ni pena, sin preocuparse lo más mínimo de lo que ocurriera a su alrededor.
Dihujin, el Sol mayor, salía por la izquierda y Dutujin, el más pequeño, por la derecha; ambos recorrían sus sendas incansables día tras día, encontrándose al mediodía en lo más alto del cielo, en ese instante compartían unos menguantes segundos que se extinguían al momento de encontrarse. Cuenta la leyenda que cuando todo era oscuridad y solo los Dutikan, espíritus que dieron forma al mundo, habitaban en la Tierra. Dihujin y Dutujin se enamoraron perdidamente. Dihujin era hijo de Funkin, dios del fuego, y Dutujin, hija del dios del agua, Pascak. Sus familias habían estado enfrentadas desde los albores de la creación, los enamorados sabían que su amor era imposible, el fuego y el agua continuamente se disputaban la hegemonía de la Tierra Libre, sus luchas eran despiadadas y atroces, grandes cicatrices marcaban el planeta de norte a sur y de este a oeste. Conocedores de lo que podía ocurrir si sus familias se enteraban de su amor, los enamorados comenzaron a verse a escondidas, poco a poco el amor de aquellos jóvenes fue creciendo. Dihujin visitaba a su amada constantemente, cada segundo que estaba alejado de ella le pesaba como miles de kilos sobre su espalda, sentía que cuando se apartaba de su amada la vida no tenía sentido. Un día el amor entre ellos se consumó, quedando Dutujin embarazada de su amante y amado.

Dutujin lloró amargamente el destino que se le revelaba, sabía que tarde o temprano su padre se enteraría de su estado y, decidida, se presentó ante su progenitor para contárselo todo.

 Pascak escudriñó los ojos de su hija revelando estos la verdad de su romance y las consecuencias que este había tenido. Dutujin imploró perdón para su amado, pero imperturbable, su padre se negó en redondo y sin perder un solo segundo el Dios del agua convocó a todo su ejército y se presentó a las puertas de la fortaleza de Funkin para acabar de una vez por todas con la guerra que durante milenios los había enfrentado. El gran Dios del fuego recibió a su enemigo para parlamentar, Pascak expuso lo ocurrido a su enemigo, este interrogó a su hijo y halló la misma verdad, la misma culpa en sus ojos, pero también encontró un amor prodigioso hacia la hija de su eterno rival.

Según las leyes que regían a los dioses, la cabeza de Dihujin debía ser entregada al dios del agua por haber mancillado la virginidad de una doncella sin su permiso y Funkin sabía que tenía razón, aún así el inteligente dios del fuego habló a toda la hueste del dios del agua:

-          Sí,  cierto es que mi hijo ha roto la ley de la fecundidad sin permiso y por ello os corresponde su vida, de eso no hay duda, pero de igual modo vuestra princesa es culpable del mismo delito para con mi familia, ya que una criatura no nace de un solo ser.

El padre de la chica reflexionó sobre este hecho y esperó que Funkin continuara:

-          Si pides la cabeza de mi hijo- habló directamente a Pascak -  como es de justicia,  la de tu hija me tendrá que ser servida en bandeja, ya que ella tampoco pidió permiso para quedar embarazada de mi estirpe.

Pascak entendió perfectamente lo que su rival le decía y tras largas deliberaciones ambos dioses dictaron su sentencia:

“Se os castigará por toda la eternidad y la soledad será vuestro tormento. Sin embargo una hora al día se os reservará para que podáis disfrutar de vuestra presencia, como dioses que sois os convertiréis en los astros que todas las razas de la tierra venerarán. Arrojareis luz a la oscuridad que puebla estos parajes y vida a la infecundidad del mundo… Respecto a la hija que Dutujin tiene en su seno, pagará las consecuencias de los actos de sus padres quedando condenada a vivir en la penumbra, no pudiendo ver a sus progenitores nunca. Aunque como nieta nuestra dispensará luz a las noches oscuras de la Tierra y su nombre será Luna.”


De esta forma ambos dioses firmaron la paz entre sus familias y jamás volvieron a levantarse en armas, puesto que ahora formaban parte de una misma familia.

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